Río y bosque, Valle de Andorra, Ushuaia

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enero de 2019

Canal Beagle, Ushuaia

Canal Beagle, Ushuaia
enero de 2019

lunes, 20 de julio de 2026

Jairo Prieto Macías

 


 

Jairo Prieto Macías (Ocumare del Tuy, Venezuela, 1987) es editor, poeta y narrador. Cursó estudios de Comunicación Social y Literatura. Participó en diversos encuentros literarios en distintas regiones de Venezuela. Como facilitador, ha impartido talleres de creación literaria en las modalidades de cuento y poesía. Ha publicado los poemarios Cuánto pesa un río (2006); Primicia de huesos (2012); Inmolaciones (2020), siendo traducida al portugués y al francés e incluida en antologías latinoamericanas. Además, ha incursionado en el ámbito audiovisual, realizando guiones cinematográficos para cortometrajes de ficción y documentales.

 

Presentamos dos piezas de Inmolaciones (2019) que se adscriben rigurosamente al género de la prosa poética. Al prescindir deliberadamente de la métrica tradicional y del salto de línea, el autor abraza el bloque de texto para desatar una musicalidad interna y un ritmo vertiginoso. Estas obras no buscan la estructura visual del poema clásico, sino la fuerza evocadora de las imágenes. A través de este díptico, el lector transita desde el repliegue íntimo de un cuarto sitiado por los libros, hasta el deambular por una urbe visceral, melancólica y desquiciada. Los invitamos a sumergirse en una poesía que habita en el párrafo y se lee con el pulso de la honestidad brutal.

 

Inmolaciones

 

        He cedido a estar solo, rebuscando en mí la felicidad, a la vez, como algo trágico me ahoga el aislamiento. Los recuerdos y los anhelos de estar contigo son peor contagio. Sé que la felicidad proviene del compartir. Soy infeliz, amar la soledad ha sido mi peor virtud. Falso que los libros te remplazan. Estando solo he aprendido, me he dado cuenta que amo en demasía a la vida.  Piadosamente el sueño vuelve con sonrisa fresca, su viento que me acecha con tu rostro de amante lejana, en el punzante insomnio. Me cuesta llorar. Camino cabizbajo. Escribo. Llamo tu atención. Viajar ha sido una evasión a mi realidad. Más allá de los etéreos rincones de la soledad se forja la vida mía. Con una biblioteca de cuarenta libros, un computador, café y fotografías. Las patas de la cama están rotas, el escritorio está sucio de papeles. La vida es finita para el exiguo tiempo que exige tanto. Mi orgullo es alto y se sombrea en el aislamiento de la lectura ciega, en está sombría soledad que aniquila.

En mis venas saltan los recuerdos, diásporas, desdeseos, abulia, y la rutina recicla los días felices; cuántos más por vivir.

Entre brindis, y cigarros distractores me desvelo. Todo me parece una terrible mierda. Han pasado años y sigo deseando lo mismo. Han pasado deseos y sigo queriendo lo mismo. La anarquía me persigue como a un perro.

Para amar hay que desprenderse del vacío, del malestar tembloroso de la expectativa y entregarse a la existencia completamente cándido y fiel como el río al tiempo.

Mis dioses tuvieron, en su mayoría una infancia atroz, sus filmografías, sus narraciones me restriegan en la cara que no es tiempo de morir.

La literatura ha sido mi país y la soledad mi casa, por eso no me desvivo por emociones ajenas.

Me aíslo. Mis dioses están en la tierra, y uno que otro que ya murieron.  

Inmolaciones, 2019.

 

 

 

 

 

 

La maldición de Malinche y el color carne.

 

En esta ciudad serpentea el río donde a diario se escurre un poco de nosotros. Un río que no le importa de dónde nace y a donde va. Un río que a veces se desborda y a todos nos hace correr, porque se nos olvida que esa mierda es nuestra. Un río que nos da asco pero que extrañamos. Esta ciudad puede ser otra, pero no queremos que sea otra, no queremos ser otros. La piel de esta ciudad huele a ron, mierda y panfleto. Su boca morbosa huele a nubes recién nacidas. Esta ciudad ama, maldice, pero no odia, el odio viene de otro lado. Esta ciudad decidió aceptar un nombre nuevo en 1567, decidió ser desquiciada para que sus sentimientos no se atrofiaran. Esta ciudad tolera a los que la desprecian a diario, y le ofrece sus montañas y buen clima. Los huesos de esta ciudad son melancolía viva. El mar y la montaña protegen a esta ciudad de los malos augurios. No hay quién pueda con esta ciudad. Esta ciudad sólo es entendida por ella misma. Esta ciudad está loca, y quien transita sus calles pierde el juicio. La soberbia de esta ciudad es amable y mingona. A esta ciudad le gustan las leyes para romperlas y sentirse rebelde. A esta ciudad le gusta jugar con los sentimientos de todos, y los barrotes de su ego niegan que la mierda del río es suya, y se hace que olvida con facilidad para no sentirse culpable.

Inmolaciones, 2019.

Poemas en prosa


(c) Jairo Prieto Macías

Ocumare del Tuy

Venezuela

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